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Un Encuentro Inesperado
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Las noches sin luna, son las más bellas...

(思わぬ出会い, Omowanu deai)

Información
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Saga Saga: El Nuevo Camino
Personajes
Soichiro Satoru

Kurohana Uchiha

Jutsus
-
Objetos
Hiyozora

Éste es el tercer episodio de la Saga: El Nuevo Camino, de la historia de Soichiro Satoru.

Sinopsis[]

Pasó el tiempo, y por fin llegó al País del Fuego. A diferencia del resto, aquel país estaba conformado principalmente por bosque verde, por lo que sería un poco más problemático el avanzar, aunque la ruta hacia Konoha era clara. Luego de un par de horas recorriendo el bosque, saltando de árbol en árbol, llegó a un pueblo, dónde decidió descansar.

Apenas ingresar, notó que el ambiente estaba ajetreado, la gente se movía de prisa de un lugar a otro y algunas tiendas estaban cerrando. Soichiro se aproximó a una anciana para preguntarle qué estaba pasando.

Soichiro: Disculpe señora, ¿Por qué está todo el mundo alterado?

Anciana: Son ellos... Ellos vendrán.

Soichiro: ¿Quiénes?

Anciana: Los maleantes.

Soichiro: Ilumíneme.

Anciana: Desertores, eran criminales y los tuvimos que sacar del pueblo. Ahora volverán, y están armados, hay que cuidar a los niños...

Dijo y se fue presurosa. Soichiro se apenó, ya que tendría que encargarse de esos tipos antes de poder descansar.

Soichiro habló con el jefe del pueblo, y todos le agradecieron la ayuda que les prestaría. No tardaron todos en encerrarse en sus casas, mientras que Soichiro se sentó en la fuente que hay en el medio del pueblo, esperando a que llegaran los maleantes. La ciudad estaba desértica, y las calles de arena ayudaban a tal imagen. Soichiro permaneció callado, esperando.

Volteó. Pudo ver el ocaso, cómo el Sol se ocultaba en el horizonte, entre las copas de los lejanos árboles, y tuvo otro presentimiento como el que tuvo con Emi, como si aquella puesta de Sol fuese el augurio de algo. Entonces lo oyó. Eran risotadas y pisadas que venían desde el camino de entrada al pueblo. Soichiro se incorporó. No tardó en ver cómo, a lo lejos, entraba al pueblo una pandilla de buenos para nada, pero eran bastantes.

Entonces oyó gritos de las casas, era una emboscada. Había un traidor entre ellos, y estaba amenazando a la familia dentro. Soichiro corrió hasta aquella casa y entró, pero se llevó una sorpresa. Otra persona había entrado a la casa, era una mujer. Ésta, en un segundo, noqueó al malhechor.

Era una mujer pequeña, de poco más de 20 años. Tenía el cabello negro, hasta los hombros y en capas, con un flequillo hacia el lado izquierdo. De facciones delicadas y tez blanca, vestía un abrigo color negro de cuello alto, debajo de este una blusa azul, y debajo de esta una malla. Por lo demás, zapatos shinobi de calzado y un short negro.

Sin dudas, lo que más llamaba la atención eran las tres perforaciones en su mentón, y sus ojos morados intensos y penetrantes. Soichiro se quedó observándola, pero se sobresaltó cuando, sin previo aviso, aquella mujer saltó para atacarle. Le dio una patada la cual Soichiro bloqueó con los brazos en cruz.

Soichiro: Hey hey hey, ¿qué haces?

La mujer no respondió y, con su pierna libre, le propinó una patada más potente que la anterior,en los brazos, haciendo que tome distancia. La mujer de una voltereta hacia atrás volvió al suelo.

Mujer desconocida: Toma a tus amigos y vete del pueblo. No me hagas decirlo dos veces.

Soichiro: ¿Eh? ¡Ah!, ¡No!, ¡No soy de los maleantes!

La mujer vio que aquel hombre era un ninja más poderoso que un malhechor cualquiera, así que desenvainó una espada. Mujer joven, ágil, espadachina, ya se había enfrentado con Emi, no quería revivir aquello otra vez. La mujer le apareció justo en frente, con la espada en alto, dispuesta a cortarle verticalmente la cabeza, pero Soichiro detuvo la espada con sus manos abiertas por encima de su cabeza, como si estuviera aplaudiendo. Su oponente hacía fuerza para intentar zafar la espada y cortarle, pero Soichiro se defendía. Luego de un par de segundos de forcejeo, Soichiro la miró a los ojos, y se sorprendió.

Soichiro: ¿Eres... Una Uchiha?

La sorpresa fue también para la mujer, la cual saltó hacia atrás, tomando distancia, con su katana en mano. Hubo un breve momento de silencio, el cual fue interrumpido por los gritos de los habitantes. Ambos salieron de la casa a ayudar. Mientras tanto, la familia que vivía en aquella casa quedaron inmóviles luego de tal escena.

Salieron juntos a la calle, y se encontraron con algunos maleantes, acabándolos en un instante. Los maleantes, confundiéndolos con habitantes del lugar, salieron de las casas, rodeándolos. La mujer miró de reojo a Soichiro, para luego dar un gran salto y, con una posición de manos, creó un Genjutsu en la zona, afectando a todos. Los maleantes cayeron dormidos. Soichiro, sin embargo, permaneció allí parado, mirando fijamente a la kunoichi. A esta le extrañó que no hubiese echo efecto en él, no era que lo hubiese evitado, o que se libró de él, simplemente no le afectó. La mujer bajó al suelo.

Mujer desconocida: Así que no eras uno de ellos...

Soichiro: Era lo que trataba de decirte.

Mujer desconocida: Lo siento, cómo vi que estabas frente a la familia al lado de ese tipo, creí que lo eras.

En ese momento la gente del pueblo salió de sus casas, y recibió con vítores a sus salvadores. Ambos les regresaban los apretones de manos. Soichiro, mientras agradecía las palabras de la gente, quiso ver a la mujer, pero había desaparecido. La poca gente que llegó a saludarla miraba al rededor extrañados.

La noche había caído. Soichiro había recibido una estadía gratis en un hotel por los servicios brindados, además de comida gratis, todo lo que pudiera comer. Siendo amable, simplemente cenó y se encerró en su habitación, tirándose en la cama. Miró por la ventana, era una noche hermosa, despejada, sin Luna. Extrañamente, aquella escena le recordó a la mujer. Poco después, sintió su chakra a las afueras del pueblo, había dejado de ocultarlo. Tal vez quería que fuese hacia ella. Él lo hizo, salió del hotel, y del pueblo, y cruzó una pequeña parte del bosque, llegando a una pradera, con pastos largos que suavemente ondeaban con la brisa nocturna. Soichiro caminó un poco, estaba cerca. Sobre una roca bastante grande, estaba sentada aquella kunoichi, observando el cielo.

Soichiro: ¿Muy entretenido el asunto?

Mujer desconocida: Las noches sin Luna, son las más bellas...

Soichiro: Soy Soichiro. Soichiro Satoru.

Kurohana: Kurohana Uchiha. ¿Cómo sabías lo de mi clan? Es decir... Mis ojos no son negros como el resto de los Uchiha, y por esto nunca se daban cuenta.

Soichiro permaneció en silencio. Kurohana entonces dejó de observar el cielo para observarlo a él.

Kurohana: ¿Y mi Genjutsu, porque no funcionó en ti?

Soichiro: ... Bien, responderé ambas. Hace mucho tiempo...Hubo un conflicto. Fue la primera vez que estaba tanto tiempo lejos de mi pueblo. Me enfrenté a muchos Uchiha, esos ojos... Los reconozco en cualquier lugar. Me solían llamar el Maestro del Genjutsu por aquel entonces, pero sólo domino Genjutsu básico, ¿Entonces por qué?, te preguntarás. Me enfrenté a muchos Sharingan... El Genjutsu ya no funciona en mí.

Kurohana: ¿En serio? ¿Tan así?

Soichiro: Bueno, no soy totalmente inmune, un Genjutsu sumamente poderoso puede afectarme, como también alguien que sea un especialista en materia Genjutsu.

Kurohana: ...

Soichiro: Te ves incómoda.

Kurohana: No soy de muchas palabras. Lo siento. No me malentiendas, eres mayor que yo, te tengo respeto.

Soichiro: ¿Qué edad tienes?

Kurohana: 23.

Soichiro: Eh, que nos llevamos sólo casi 10 años, ¡No me trates de viejo!

Kurohana sonrió, y ambos quedaron unos instantes observando el cielo. Finalmente se incorporó.

Kurohana: Debo irme.

Soichiro: ¡Espera!

Kurohana: ¿?

Soichiro: Quería saber... Si podías ayudarme.

Kurohana: ¿Con qué?

Soichiro la miró a los ojos, como sólo su viejo profesor Nuromo sabía. Parecía como si la estuviera leyendo.

Soichiro: ¿De casualidad no sabes algo... De Akatsuki Afterlife?

Kurohana: ... ¿Por qué?

Soichiro: Pues... Estoy buscándolos. Me gustaría unirme.

Kurohana era quién leía a Soichiro ahora, de algo querría asegurarse. Luego de un momento, sacó un trozo de papel de su bolsillo, y se lo lanzó a Soichiro, el cuál lo tomó y lo abrió. Eran coordenadas.

Kurohana: Mañana parte hacia allí. Encontrarás... Miembros. Entre ellos, tal vez yo.

Soichiro: ¿Eres... Eres miembro de Akatsuki?

Kurohana: Lo soy. En ese lugar probablemente encontrarás a Emi Akari, tengo entendido que te encontraste con ella, me lo contó hace poco, cuándo le conté sobre lo que pasó en el pueblo. Y tal vez con uno de los líderes, Yorumaru, aunque no creo que sea posible. Por razones que podrás entender no puedo darte su apellido.

Soichiro quedó atónito.

Kurohana: Tengo que irme, fue un gusto conocerte.

Soichiro: Lo mismo digo.

Kurohana le sonrió, y desapareció como una sombra hacia la oscuridad de la noche. Soichiro volvió a su habitación. El cielo le recordaba a ella, y pensaba en algo que no quería aceptar. Jamás creyó que dentro de aquella organización hubiese gente amigable, se esperaba rudos shinobi sin sentimientos. Si su plan funcionaba, tal vez heriría a personas que no quería herir. 

Él estuvo todo el tiempo buscando alguna pista, por mísera que fuera, y ya se había encontrado con una miembro oficial de Akatsuki Afterlife, y no se había dado cuenta. Y frustrado en un bar, se había encontrado con nadie más ni nadie menos que el líder de tal organización. No era seguro pero él sabía, en el fondo, que aquel extraño hombre que se había encontrado era el Yorumaru del que Kurohana había hablado. No había duda de ello. Entonces sus palabras resonaron en su cabeza, "Las cosas que uno busca, ocasionalmente las encuentra en los lugares que menos se espera". ¿Se había dado cuenta de lo que buscaba con tan sólo verlo? ¿Sabía el líder de la organización sus verdaderos objetivos? Podría darse por muerto de ser el caso, pero ya no había vuelta atrás, había escogido ese camino. La muerte era una posibilidad que siempre tuvo presente en aquella vertiginosa aventura, pero ahora que lo había perdido todo, ¿cuánto importaba su propia vida? O al menos eso pensaba, antes de conocer a Yorumaru...

Quedó dormido poco después, con muchas cosas en la cabeza. Cada vez más dudas y preguntas, pero a la vez, más se afirmaba en su objetivo. Estaba deseoso de que empezara el día siguiente, para continuar su camino, ahora mucho más definido que antes.