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Un cráter se crea
Senka Epi 3

(クレーター作成されました, Kurētā sakusei sa remashita)

Información
Anterior Un rayo emana de una nube
Personajes
Senka Kazuma
Akuren Ribenji
Kurekyu Kazuma (Flashback)
Jutsus
Elemento Rayo: Labrido del dios Susanoo
Lugar de Daño
Modo Chakra de Elemento Rayo

Un cráter se crea (クレーター作成されました, Kurētā sakusei sa remashita) es el tercer capitulo del Gaiden de Senka que narra cómo Senka aprendió el Elemento Viento y el Elemento Tierra además del comienzo de su odio hacia los humanos.

Sangre en la tierra Editar

Me es difícil narrar esta parte, el dolor que sentí ese momento fue mucho, sólo lo narraré una vez, sólo una vez, experimentaréis gracias a mis palabras lo que es perder a una persona que aunque jamás hiciste nada por él, murió... gracias a ti.

Habían pasado meses desde aquel día del entrenamiento con Akuren, a pesar de que ese día me mostré muy alegre todo eso cambió al aprender el rayo negro, mis ansias de poder aumentaron, me sentía cada vez con más ganas de poder, quería aprender más elementos, quería crear jutsus con ellos, quería experimentar con ellos, todo esto hacia que Akuren se mostrara distante, a pesar de que lo había empezado a tratar más como un inferior que cómo un igual, a pesar de esto Akuren jamás dudó de lo que hacía y siempre creyó que lo que hacia era bueno ¿Por qué? Porque él confiaba en mi, me aproveché de esto, en cierto modo le obligué a enseñarme el Elemento Viento cosa que le costó muchísimo aunque siempre se mantuvo persistente y jamás perdió las esperanzas en que lograría controlarlo y también lo "obligué" a que me enseñara como usar el Modo Control de Chakra de Elemento Rayo y el de Rayo Negro, lo curioso es que nunca le pregunté como la aprendió, no me importaba, sólo quería más poder.

Seguíamos viviendo en una tienda de campaña, por alguna razón cada vez que me despertaba el lugar era diferente, habían más o menos tierra, era muy diferente, habían cada vez más montañas de roca y más fauna que antes hasta que hubo un momento donde sólo nos rodeaban las rocas, un día desperté gracias al sonido de voces que sonaban fuera de la campaña, al salir de la tienda ignorando la comida que había preparado Akuren me encontré con muchos ciudadanos, unos desconcertados porque Akuren y yo estuviéramos en medio de la ciudad y otros curioso por saber quienes eramos o qué hacíamos ahí, al parecer Akuren no había salido ya que al salir segundos después de mí todos quedaron desconcertados y salieron corriendo por todas direcciones como si acabaran de ver un fantasma, al parecer, Akuren era famoso y vaya que lo era porque en segundos ya había ninjas rodeándonos preparados para atacarnos, por suerte, gracias a mi fuerza sobrehumana y el Labrido del Dios Susanoo, jutsu de rayo que había creado en el tiempo que al parecer, estuvimos "viajando", duraron poco no sin antes de que un último guardia pronunciara esto que marcaría cómo sería conocido en Iwagakure por el resto de mi vida:

Guardia: ¡Es un rayo... un rayo amarillo! —Y tras decir esto se desplomó en el suelo inconsciente gracias a la perdida de sangre.

Por mi mente pasaban un millón de preguntas que debía hacerle a Akuren «¿A donde cojones nos has traído?» «¡¿POR QUÉ HAN VENIDO CINCUENTA GUARDIAS A MATARNOS Y DE QUÉ TE CONOCEN ESTÁS PERSONAS?!» eran las preguntas más importantes en mi cabeza, aunque la primera era muy obvia, sólo debía hacer conjeturas, esa vestimenta, rocas por todos lados, ¡¡Estabamos en Iwagakure!! Un momento, «¡¿Por qué estamos en Iwagakure?!». Al por fin terminar con los guardias convencí a Akuren de que nos alejáramos del lugar ya que al parecer este no tenía intención de irse sin que alguien apareciera, en realidad, yo deseaba saber quien quería que apareciera Akuren, nos alejamos a una montaña, el pelirrojo ni un momento quitó una tonta sonrisa de su cara ni se limitó a protestar cuando le ordené que nos alejáramos de allí, su mirada contra la mía, sólo se oían nuestras respiraciones, por fin comenzó el interrogatorio.

Senka: ¿¡Por qué todos aquí quieren despedazarnos pedazo de basura!? —Solté insultando cómo loco, él no debía hacer más que entrenarme, para eso le pagó mi padre, para que me entrenara, «Un momento ¿el entrenamiento no debería haber terminado hace meses? ¡Ha pasado un año, un año! entoces ¿que hacía con él ahí? ahora eso mismo no importa, debo concentrarme en lo que está sucediendo ahora, ¡casi nos matan!» pensé

Akuren: Soy el criminal más buscado por estos lares, ¿tu padre no te lo dijo? bueno eso no importa ahora, debes tener un gran precio por tu cabeza en este momento, oh, ya viene, 5... 4... 3... 2... — «¡¿QUÉ?! ¡¿Cómo que ahora debía tener un gran precio por mi cabeza?! ¡¿Y cómo él, Akuren, el hombre más tranquilo de todos un criminal?!» Estaba tan concentrado en eso de que Akuren fuera un criminal que casi no me habia dado cuenta de que Akuren había dicho que alguien venía, cuando dijo "1" me percaté por fin de que alguien estaba llegando, era un hombre fornido con más pelo en las cejas, en su barba y en su bigote que en su cabeza en la que podías si quisieras ver tu reflejo gracias a su calva, llevaba un kimono negro y no tardó en hacer una serie de sellos y que apareciera a mi alrededor y al de Akuren una gran barrera gigante de tierra, aquí se iba a derramar sangre y por lo que veo, en la tierra.

Entrénalo o... muere Editar

Pedazos de roca volaban por todas partes, cerca de mi cara, sí, cerca, ninguna me pegó, ¿Por qué?, Akuren acababa de demostrar que además de poseer conocimientos en el Elemento Rayo es un experto total, creó una especie de campo de fuerza hecho de rayo a mi alrededor, algo parecido al modo control de chakra pero esta vez el chakra estaba en forma de domo más que cubriendo mi cuerpo impidiendo así que cualquier cosa me tocara, aunque Akuren se veía algo diferente, cada piedra que no me tocaba a mí, lo tocaba a él, literalmente, las piedras se teletransportaban impidiendo golpearme a cambio de que golpearan a Akuren, era algo mágico, casi como... y por mi mente pasó «Un momento, ¡esto no es un campo hecho de rayo! ¡¡ESTO ES UN NINJUTSU ESPACIO-TIEMPO!!» y eso era, un ninjutsu espacio-tiempo que transportaba cualquier daño dirigido a mí hacia él que ahora mismo tenía millones de heridas en todo su cuerpo pero él seguía ahí, serio, cómo si nada pasara a su alrededor, cómo si mucha sangre no estuviera saliendo de su cuerpo, él estaba tranquilo.

Caminó lentamente hacía el ninja que seguía invocando jutsus que al instante eran destruidos por Akuren que aún ni se inmutaba de sus heridas, al por fin llegar frente a él, el ninja intentó usar taijutsu pero cada golpe era parado por Akuren, jamás lo había visto usar tanta fuerza, jamás. Akuren sólo tuvo que usar una mano para inmovilizar al ninja que ahora estaba siendo ahorcado, vi que mi maestro se acercaba a su oído y le susurraba unas palabras que logré oír.

Akuren: Entrenalo o muere.

«¡¿Desde cuando Akuren es tan violento?!» me pregunté a mi mismo, estaba completamente atonito, lo que pasaba frente a mis ojos no era nada normal, sólo entendía una cosa, Akuren + Violencia = Nada bueno. ¿Y por qué hacía todas estas cosas? pues en realidad, en ese momento no lo sabía, pero lo descubriría. Se podía estar claro que sentía el ninja en ese momento, ¿y como no sentirlo? cualquier persona que estuviera en la misma situación sentiría lo mismo, sus ojos lo reflejaban, pero, lo interesante no era lo que sentía sino quién se lo hacía sentir, un hombre que a simple vista no podía ser más inofensivo, que si lo conocías tus afirmaciones eran correctas y quedarías con que es inofensivo, Akuren le hacia sentir eso, el ninja sentía miedo, de Akuren.

Pasaron meses, ¿cuanto tiempo había pasado desde que me había ido del clan? Años, pero perdí la noción del tiempo y no sabía cuantos, quizás dos o tres, eso sin duda era un misterio, mi padre no habia intentado buscarme, no sabía si eso era bueno o malo, quizás los problemas que afectaban a nuestro clan hayan sido resueltos y esten mejor sin mi, eso se me ocurría cuando las preguntas sobre el clan venían a mi mente, tengo vagos recuerdos de días donde salía de donde dormía en medio de la noche y mi padre seguía despierto, preocupado por que algo pasara.

Flashback

Senka de niño: Papá ¿qué haces despierto? —Pregunté jalando su ropa para que me prestara atención.

Kurekyu: Esperando que tu madre vuelva aquí —Dijo y puso su mano sobre mí cabeza.

Fin del Flashback

El entrenamiento había dado frutos, desde ese día, cada día todos los días el ninja que en realidad era un alto cargo en el ejército de Iwagakure y que ahora tenía nombre el cual era Tamanegi Kyabetsu, me había enseñado con éxito el Elemento Tierra, tuve que entrenar mucho para poder tener al menos un poco de control del Elemento Tierra, más en ese momento podía crear grandes montañas de tierra en instantes, Akuren había supervisado cada entrenamiento, desde el día que llegamos a Iwagakure no pude evitar tenerle miedo a mi maestro, aquel que cuando lo conocí pensé que era un total incompetente se había convertido en un hombre causante de miedo.

Habíamos tenido que entrenar lejos, pasar desapercibidos, ya que Akuren y yo poseíamos grandes recompensas por nuestras cabezas, vivos o muertos. Todo cambio un día que desperté normalmente en la misma montaña que siempre lejos de la ciudad, el único problema era que Akuren seguía dormido. «¡Mierda, mierda, mierda!» al abrir los ojos me encontré con miles de personas a mí alrededor, todos ellos guardias dispuestos a matarnos, ahora sabía dos cosas: Senka + Akuren - Akuren dormido + Ejército tratando de matarlos = Malo.

La Espada de Damocles Editar

Rayos volaban, ninjas morían, es lo único que podía hacer para protegerme, miré de nuevo a donde hace segundos estaba Akuren pero, ya no estaba, hacia de las suyas otra vez, viajando a una velocidad impresionante mataba uno por uno a toda persona que tratara de golpearme, más lo peor llegó cuando diez intentaron atacarme, un sólo rayo los atraveso a todos y los dejó con la piel carbonizada, era totalmente horrible, mi corazón latia rapidamente y mi cerebro intentaba procesar todo lo que estaba sucediendo, estaba completamente paralizado. Cien personas, doscientas, todas intentaban atacarme pero sucumbian ante el poder de Akuren., era impresionantemente terrorífico. Pero me di cuenta que el alto cargo del ejercito que me habia entrenado estaba apunto de atacarme, todos sus ataques fueron detenidos por el implacable poder de Akuren. Una pregunta ¿qué pasa cuando un objeto imparable choca contra un objeto inamovible? Pues eso es lo que acababa de pasar, la inevitable muerte de alguien había llegado, esta vez miles de ninjas intentaron atacarme pero algo sucedió... Akuren... Él desvió todos los ataques dirigidos hacia mí... Los dirigió a su cuerpo.

Me sentí impotente al ver caer a Akuren, con una sonrisa en la cara, más un estallido de poder salió de mí y toda persona a cien kilometros cerca de mí quedo atravesada por huesos que salieron del suelo. También una serie de huesos salieron de mis manos, de mis piernas, de todo mi cuerpo, tenía una armadura de huesos puesta. Más esto sólo duró un segundo puesto que de repente todo hueso desapareció, miles de personas muertas a mi alrededor. Charcos de sangre alrededor de mí y Akuren en el suelo, me acerqué a él y con su último aliento me logró decir.

Akuren: ¿Jamás te has preguntado por qué tu padre te mandó aquí aún sabiendo el riesgo que correrías? Por qué confiaba en tí, y estaba seguro que sobrevivírias, más también estaba seguro que él no. Senka, regresa a tu clan, debe haber un cofre dentro de él, buscalo y abrelo. Tu padre me dijo que yo sabría cuando darte la llave para ese cofre, y este es el momento. Senka, tu padre está muerto, murió al igual que yo, protegiendote. No desperdicies estas oportunidades que te hemos dado. Aprovechalas. —Y me entregó la llave—. Siempre he visto lo bueno en ti, mi pequeño Raijin Interno.

Jamás me sentí tan triste en mi vida, los ojos de Akuren se cerraron, una lagrima resbaló por mi mejilla y cayó en donde se encontraba el corazón de Akuren. Ahora sólo tenía dos objetivos. Uno, abrir el cofre y descubrir lo que pasó con mi padre. Dos, aprovechar las oportunidades que me dieron.

Enterré a Akuren en la punta de la misma montaña donde nos refugiabamos. Me dirigí a donde mi clan, en Sunagakure. Al igual que siempre, esto estaba totalmente sólo, calmado, sin nada extraño, básicamente como siempre. Hasta mi clan, se veía normal, al menos por fuera, cuando entré me di cuenta de que no era así, todas las paredes estaban manchadas de sangre y cuerpos en todo el piso, no te podías mover sin pisar alguno, no me dolía para nada pisar a los de mi clan. Lo único que me dolió en mi estancia fue cuando vi a mi padre, muerto, sus ojos cerrados y al igual que pasó con Akuren, estaba sonriendo, al parecer las buenas personas mueren con una sonrisa. Lo enterré en frente de nuestro clan. Por fin puse a buscar la caja, la encontré, sólo hay una foto, «¡SÓLO UNA FOTO!», son las dos primeras personas de mi clan, son exactamente como las describían en las historias que contaban. Pero, había un detalle que nadie habia mencionado. Los puntos del Clan Kaguya.

Ese era el secreto. Somos el Clan Kaguya. De repente lo entendí todo, entendí por qué mi padre había escondido esa foto, entendí por qué no quería que saliera, entendí por qué jamás quizo que aprendiera ningún estilo de pelea. Sabía que llegaría el día donde descubriera que puedo usar el Shikotsumyaku, el Kekkei Genkai del Clan Kaguya. Pero otra cosa que también sabía es que yo no sería el único que me enteraría y cuando llegara ese momento debería dar la vida para protegerme, esconderme de alguna forma. ¿Y cual era la mejor forma? Mantenerme en lo bajo hasta el momento donde me mandaría a "entrenar". Él sabía que lo matarían, él sabía que yo vendría, él sabía que yo despertaría el Shikotsumyaku. ¿Y como lo sabía? Porque confiaba en mí. Ahora lo sé todo, completamente todo. Interrumpiendo mis pensamientos un papel entra por la ventana, lo tomo arrugandolo y veo que dice "Akatsuki Afterlife, organización criminal". No puede ser cosa del destino, ya sé a donde ir. Iré a Akatsuki Afterlife.

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